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Historia de la Orden
Capítulo I

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

ANTES DE SAN BENITO 

El monaquismo occidental tenía sus cartas patentes mucho antes de la aparición de San Benito.  Generaciones de bautizados, en gran mayoría laicos, se habían separado voluntariamente del comercio ordinario de una sociedad para ocuparse de la imitación exclusiva del Cristo pobre, casto, obediente en el amor que lo une al Padre.  Separación y soledad son la marca del monje; vive solo (en griego romano).  Su estado de disponibilidad a la acción de Dios es designado comúnmente con un término equívoco, pues otium no significa en efecto ni holganza ni inacción, sino vacación del alma y por ella de todo el ser, en busca de contacto divino mediante la puesta en actividad de las virtudes bautismales.  Así se constituyó, al margen de la sociedad establecida, un mundo peculiar, encerrado en sí mismo y animado por los medios apropiados para la prosecución del fin propuesto.  Uno, en su búsqueda, pero aparentemente diverso, según los casos, en sus actividades (ascesis, en griego, quiere decir ejercicio), se entusiasma, se mantiene y se ilumina por la oración desinteresada.  Y llegado a cierto estado de crecimiento y de cohesión, constituye una suma de valores que, frente a los ambientes cristianos, puede actuar, según las circunstancias, a su encuentro, como contrapeso de testimonio o en su favor, por la virtud de su ejemplo y la dispensa de sus riquezas.  Tal podría ser, en sus líneas esenciales, la descripción del mundo monástico en su propósito inicial.

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Capítulo II

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

BENITO DE NURSIA LEGISLADOR

Entonces aparece Benito de Nursia (hacia 460-547).

 

Del tema tratado anteriormente (la vida y la Regla) no recordaremos más que las referencias útiles.  A finales del siglo V y comienzos del VI, fechas que corresponden a las primeras experiencias de Benito, la península italiana ha sufrido relativamente menos incursiones bárbaras que las regiones septentrionales y occidentales del Imperio (o de la ficción que él representaba) situadas a la orilla izquierda del Rhin.  En el 493, el ostrogodo Teodorico gobierna nominalmente Italia en nombre del emperador y, desde su residencia de Rávena, impone a las poblaciones un régimen de coexistencia que permite a sus tropas y a las poblaciones “romanas” compartir la civilización separada y pacíficamente durante treinta y tres años.  Cuando Teodorico accede a la realeza, Benito tiene trece años.

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Capítulo III

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

SAN GREGORIO MAGNO Y SAN BENITO 

Apenas veinte años después de la muerte de Benito, Italia castigada ya por la difícil reconquista de los generales de Justiniano contra los ostrogodos, conoce un período que fue uno de los peores impuestos en Occidente por las tribus germánicas en busca de asentamientos.

 

Empujados a retaguardia por los ávaros, arrastrando en su oleada a otras poblaciones, los lombardos dejan la Panonia y fraquean el histórico paso de Aquilea.  Emplean largos años en ocupar Italia parcialmente antes de implantarse en ella.  A partir de 626, tienen en Pavia una capital y un rey, Agilulfo, y tendrán progresivamente los ducados de Espoleto y de Benevento.  Son arrianos que pasan con bastante lentitud al catolicismo romano.  Su establecimiento había acumulado nuevas ruinas.  Desde alrededor del 577 (otros dicen 581), destruido su monasterio, se habían refugiado los casinienses en Roma llevando el texto de la regla, el peso del pan, la medida del vino y sacos de harina.  El turno de Subiaco vino más tarde, en 601.  Como cada vez que los bárbaros llegaron a ser una amenaza concreta, el amontonamiento de ruinas, que hacía peligrosa o imposible la vida monástica en las soledades del bosque o de la Campania, obligaba a los monjes a buscar en las ciudades una seguridad menos precaria.  Estos movimientos de repliegue habían de implicar cierto número de  modificaciones en las relaciones con el mundo exterior.  Pero estrictamente que esté protegido contra el exterior, el monaquismo urbano no tiene de ningún modo el mismo estilo que el monaquismo rural.

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Capítulo IV

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

EL ENFRENTAMIENTO CON EL MONAQUISMO CÉLTICO

El papa Gregorio, al dirigir una misión al país de los anglos, ignoraba la complejidad de una situación política que dependía de circunstancias especiales.

 

La Bretaña, que llamamos Gran Bretaña para distinguirla de la Bretaña armoricana, había sido celta por completo.  Evacuada por las tropas de ocupación en los primeros años del siglo V, de hecho se había ofrecido a los piratas o a los primeros ocupantes.  No era cristiana más que superficialmente, desde comienzos del siglo IV.  A mediados del V, san Germán de Auxerre había estado allí por dos veces.  Poblaciones germánicas, anglos, jutos, sajones y frisones habían comenzado una penetración a partir de la costa sudoriental que rechazaría hacia el oeste a la mayor parte de las poblaciones célticas y formaría una organización duradera de siete estados que pronto llamará Heptarquía.

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Capítulo V

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

HACIA LA CONQUISTA PÁCIFICA: PEREGRINACIÓN Y ROMERÍA

Al amanecer de un período en el curso del cual los monjes celtas y anglosajones, ayudados por muchos otros venidos de Galia, van a emprender al norte y al este del continente una obra que cambiaría la faz de la cristiandad, conviene precisar algunos puntos.

 

Como se sabe, los monjes celtas practicaban la peregrinación.  Algunos de ellos experimentaban de manera agobiante la tentación de la amplitud y del camino hábilmente presentada por  los demonios de especie viajera.  Fueron numerosos los casos en que la acidia, mal de apatía monástica, cedió a la urgencia de respirar al aire libre, transformando a veces en pordioseros a los vagabundos del claustro.  La peregrinación es cualquier cosa menos extravagante o anárquica.

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Capítulo VI

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

Durante más de un siglo, havia 650-750, el monaquismo alcanza mediante el apostolado de poblaciones paganas una era de expansión excepcional por el norte y el este  del continente.  Los escotos peregrinos, siempre dispuestos al exilio por Dios, no defraudaron su vocación.  Los itinerarios trazados poco antes por Columbano se van a alargar y diversificar.  En buena parte serán frecuentados por monjes sumisos a la regla mixta Columbano-Benito, al principio y especialmente en los alrededores de París, en el centro de la Galia, en Champaña, el Lorena, en Picardía y en Bélgica.  Los monjes anglosajones de obediencia benedictina, más numerosos y mejor organizados que los escotos, van a mantener de un modo duradero el lugar más destacado de la escena apostólica.

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Capítulo VII

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

BENITO DE ANIANO. SEGUNDO FUNDADOR 

Convenía exponer en sus fases principales el largo itinerario seguido por la regla casiniense antes de llegar al giro de la historia que la instalaría en su vocación universal.  Salida de un modesto monasterio y como rodeada en el curso de dos siglos y medio por diversas experiencias de vida ascética, contemplativa, intelectual y apostólica, va a convertirse, al cerrarse la era de la conquista misional, no sólo en la guía apreciada por su equilibrio, su sabiduría y su apertura a lo divino, sino también en un código jurídico llamado a regir la familia Sancti Benedicti dispersa por una Europa en formación desde el Ebro hasta el Elba, desde el norte de Gran Bretaña al sur de Italia, más allá del patrimonio de san Pedro.  Este acontecimiento, perdido en los remolinos del tiempo, aparece como especialmente solemne dentro de la perspectiva de la historia.

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Capítulo VIII

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

LA EDAD DE ORO DE CLUNY

Al correr la era carolingia, el monaquismo, por voluntad de los soberanos, gracias a sus efectivos y a su organización, se insertó como nunca lo había estado en la movediza trama de la historia.

 

A partir del 888, la geografía política adquiere nuevas fronteras al precio de largas crisis.  Francia y Germania tienen una frontera común, barrera de separación o línea de unión.  Francia tiene sus reyes capetos (987), Germania sus emperadores sajones y francones.  En 962, Otón el Grande inaugura el Sacro Imperio romano germánico.  Han cesado las incursiones de los pueblos paganos y ésta fue, según mare Bloch, "una extraordinaria inmunidad".  Si se exceptúa un sentimiento general de inquietud que, según se temía, podía anunciar la proximidad de la parusía, Europa no estaba afectada por los terrores del año mil, que existieron sobre todo en la imaginación del cardenal Baronius (V1607), pero tuvo que soportar, sobre todo en la Francia occidental, la agitación de los señores que, no teniendo ya que participar en los beneficios de las expediciones exteriores o en la defensa de sus bienes contra los piratas y bandidos, se desgarran entre sí y saben hacerse independientes del soberano.  El papado y los emperadores germánicos entran en un largo conflicto para decidir quién ganará entre el sacerdocio y el imperio.  Roma tendrá su protagonista en la persona de un monje, Gregorio VII, que deberá luchar por añadidura para purgar a la Iglesia del nicolaísmo y de la simonía (V1085).  Tres años después, otro monje, Urbano II, sube al trono pontificio.  Así se llega a la segunda cruzada (1147).  Doscientos cincuenta años de victoria en que los monjes, que no conocían fronteras, extienden sobre el Occidente dividido y agitado una red de oración y de espiritualidad.

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Capítulo IX

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

LA REFORMA NO CLUNIACENSE Y OTROS MONASTERIOS 

En la Europa sembrada de iglesias después del año mil, Cluny no reina sobre todos los monasterios que derivan de Benito de Nursia interpretado por Benito de Aniano.  Incluso aunque se refieran a Cluny, eran muchos los que intentaban conservar su independencia.  Hasta más allá de las fronteras de Carlomagno, la Iglesia de Occidente aparece como sembrada de otras fundaciones que no tienen aspecto de parientes pobres en comparación con la capital borgoñona.

 

Hacia 919, Gerardo de Brogne funda un monasterio cerca de Namur, San Bavón y San Pedro de Gante son reformados y también, más al oeste, San Amando y San Bertín.  De Flandes pasa el movimiento a Normandía, a Saint-Wandrille, al Mont-Saint-Michel, a Saint-Ouen de Roeun.  Pero se agota rápidamente  después de la muerte del reformador.

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Capítulo X

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

BAJO LA COGULLA GRIS DE CITEAUX 

El reino de Cluny no dejará de ser compartido.  Otro monasterio borgoñón, Cîteaux, domina el siglo XII monástico.  En Francia, las tierras dispersas de la feudalidad se agrupan en torno a dos reyes, Luis VI el Gordo (V1137) y su hijo Luis VII (V1180), que tienen como eficaz consejero al monje Suger (1151), el cual al reconstruir espléndidamente más real que feudal (G. Duby).  Más allá del Rin aparecen los Hohenstaufen con Federico I Barbarroja.  La querella de las investiduras que enfrenta al papa y al emperador, al sacerdote y al imperio, tiene en adelante como punto de litigio el dominium mundi.  En Letrán tienen lugar tres conflictos, en 1123, 1139 y 1179.  Las escuelas episcopales, sus clérigos y canónigos, alcanzarán justo renombre entre el Loira y el Sena.  También es el tiempo de las cruzadas.  Estos murmullos del mundo no siempre batirán en vano los muros de las clausuras.  Con la ayuda del crecimiento demográfico, tras algunos años de inseguridad, el nuevo movimiento va a realizar una ascensión en flecha al impulso de un santo genial.

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Capítulo XI

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

EL DECLIVE DE LOS GRANDES NOMBRES Y LA RENOVACIÓN POR LAS CONGREGACIONES 

El siglo XIII está dominado está dominado en Francia por la personalidad de san Luis (1226 - 1270) y en el mundo cristiano por el empuje de la caballería, el movimiento de las cruzadas y el prestigio del papado con Inocencio III (V1216).  Los pobres hermanos de Francisco de Asís aparecen en 1205 y en 1206 - 1208 los hermanos predicadores de Domingo de Guzmán.  La universidad de París relumbra, para limitarnos a dos nombres, con Tomás de Aquino y Buenaventura (muertos ambos en 1274).  Sin hablar del fracaso de las cruzadas, no faltan las sombras y en primer lugar la lucha contra la herejía cátara, que se ha podido interpretar como un enfrentamiento político entre  el norte y el mediodía de Francia.

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Capítulo XII

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

DE UNA REVOLUCIÓN A OTRA 

El comienzo del siglo XVI presenta la imagen de una Europa occidental compartimentada por fronteras destinadas a no cambiar ya.  La unidad de fe que, a pesar de graves avatares, había hecho la unidad de la Edad Media, va a fraccionarse según las diversas nacionalidades.  La religión del príncipe arrastra a la de los súbditos.

 

La paz religiosa de Augsburgo en 1555 lo proclama en su Ius reformandi: Cujus regla ejus religio: se tiene la religión de su país.  Contenidos entre las fronteras del soberano, los monasterios, muchos de los cuales se habían transformado en mansiones señoriales, teniendo en  la cumbre la opulencia del comendatario y en la base la indigencia del común monacal, estaban poco preparados para soportar las tormentas.

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Capítulo XIII

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

GENS AETERNA

Los vacíos creados por la Revolución y las conquistas del Imperio –subsistían unos 30 monasterios después de la tormenta- habían aligerado la Orden benedictina de las cargas que la abrumaban bajo el Antiguo Régimen.  Para el animoso no había más que empezar de nuevo e intentar una restauración que podría llegar a ser un renacimiento.  En Francia, un joven sacerdote, el abad Guéranger, de la diócesis de Le Mans, restaura la vida monástica en un antiguo priorato de la Couture, en el pueblo de Solesmes.  La fundación, emprendida en 1833, es aprobada en 1837.  Hay que afirmar que las ideas del fundador estaban impregnadas del romanticismo ambiente.  Se había propuesto reanudar el estudio de las ciencias eclesiásticas en el pueblo de los mauristas.  Más tarde se modificará este ideal.  Cuando muere el padre abad (1875), deja una herencia monástica fundada en el abadiato vitalicio y en la autonomía de los monasterios agrupados en una congregación que comprendía Ligugé (1863) y Marsella (1865) y que formará el núcleo de la congregación de Francia.

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Capítulo XIV

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

EL DISCRETO MUNDO DE LAS MONJAS 

Un pasaje muy conocido del libro segundo de los Diálogos de san Gregorio relata el coloquio que san Benito habría tenido con su hermana Escolástica.  Al estar ésta “consagrada a Dios”, se ha creído poder concluir que Escolástica habría vivido en un monasterio de mujeres bajo la regla del Fundador.  Esta suposición no está apoyada en ningún texto.  En el tiempo de las invasiones, los reyes lombardos del siglo VII favorecieron el establecimiento de monjas en el norte de Italia.

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Capítulo XV

HISTORIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

CONCLUSIÓN: LA PARTE DE LOS AUSENTES 

Como al sur de la península de Calcidica, el Monte Athos, jardín de la Madre de Dios, domina el mundo monástico del Oriente ortodoxo, la santa colina de Montecassino, aunque de más modestas proporciones, domina el mundo monástico del Occidente cristiano.

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